Octubre, el mes de la Poetisa salteña Felisa Lisasola

Felisa Lisasola, nació en Salto el 31 de octubre de 1877. Murió en esta misma ciudad el 28 de octubre de 1953, a los 76 años.

Fueron sus padres, don Ramón Lisasola (español) y doña Martina Chouy (vasco francésa)

Dedicó su vida a los libros, siendo éstos sus únicos hijos. Los libros fueron para ella, desde su niñez y durante toda su vida, solaz y maestros.

De clara inteligencia y especial sensibilidad, supo que influencia tan grande y positiva podían, estos ejercer en la vida de los hombres, cuando le fue encomendada la tarea de tenerlos a su cargo, en la biblioteca del Ateneo, primero, y en la Municipal después, supo ser custodia celosa de un capital para ella insustituible.

Cuando la generación actual pregunte quién fue Felisa -de la que como tantos salteños valiosos tan poco se conoce – habría que decirles que fue una luchadora incansable a favor de la cultura de nuestra sociedad, de la que siempre se sintió tan ligada.

Cantó a Salto en sus versos, y lo honró con su trabajo sin pausas, como si poesía y trabajo fueran la razón de su vida

Felisa Lisasola llevó en su vida el sello de una mujer sensible, de nobles impulsos y de fecundas inquietudes, cuya, existencia, marcada por signos de amargura, no mellaron su temple ni avasallaron su espíritu.

La emoción, subyugaba su ánimo y en sus impulsos brotaba el manantial de su lirismo que trasladaba en versos, de rica sonoridad, sus sentimientos. – Y la ternura que en ellos derramaba, eran como una protesta silenciosa contra el sino adverso en que transitó su ciclo vital.

Pero, su poesía no fue solo la canción del alma, en la deshoja de las intimidades y confiesa anhelos. Tuvo, también la vibración social, en la protesta vehemente:

Fue autora de los libros: “Lámpara”, (Montevideo, 1926). Y “Meditación”, (Salto, 1931).

En Homenaje a tan ilustre poetisa hoy quiero compartir con nuestros lectores una joyita de nuestra literatura vertida nada menos que por el excelso Maestro Anastasio Albisu.

Si señorita Lisasola: la alegría, la ternura, la delicadeza, la caridad y la compasión adquieren cuando son prodigadas por una mujer, méritos de alto relieve por que van ungidos con el sentimiento y el amor, que en grado superlativo depositó en su pecho la Divina Providencia.

Ud, me ha dedicado en el diario “La Tarde” dos cuartetos muy sentidos y elocuentes, con motivo de mi retiro de las actividades profesionales. Ellos me han conmovido hondamente.

El beso espiritual y poético que Ud. dejó impreso en mi mano, lo recordaré siempre con placer. Por ello le doy las más cordiales y expresivas gracias. Ha sido Ud. muy buena en acordarse de este humilde maestro de escuela que ya camina por la senda que conduce al ocaso de la vida…

En la misma noche que leí su composición poética, tuve un sueño muy significativo, que paso a contarle: “Habiéndome despedido de este pícaro mundo, tuve que presentarme en la morada del viejo portero San Pedro para que , una vez ponderados y apreciados mis méritos y pecados fuese dictada mi sentencia definitiva.

El vulnerable viejo de blanca y lunga barba, después de pasar por mí una mirada penetrante e inquisidora, me dijo:”Vamos a ver su saldo en el “Libro de las Cuentas Corrientes”. ¿Cómo se llama Ud.?. – Le di mi nombre. Enseguida tomó el índice del referido libro y abriéndolo en la letra A, empezó a leer. Mientras el leía, yo temblaba de pies a cabeza, pues observé que a medida que iba leyendo del Debe de mi cuenta, las arrugas de su frente iban multiplicándose de un modo extraordinario y alarmante.

Una vez que hubo leído y hallado el saldo que arrojaba mi cuenta, me dijo, con toda solemnidad. “Condenado para siempre al infierno por hereje y descreído!. No hay salvación posible para Ud…¿Imposible! Le dije. Allá abajo todos me tenían por muy bueno… El, sin decir palabra, me sacó del bolsillo mi mano derecha y haciéndome estirar el dedo índice sobre el libro, me dijo en tono imperativo: “Lea lo que esta escrito a continuación, y sacó su mano que la tenía puesta sobre la mía. Al instante, el anciano portero, me preguntó sumamente sorprendido: ¿Qué lleva Ud sobre esa mano que tanto brilla y cuyos reflejos me dañan los ojos?. Esa luz es celestial y no terrestre. Yo estupefacto, miré a mi mano y vi sobre ella una luminaria de intensa y soberbia luz que alumbraba de un modo extraordinario el aposento de Pedro envolviéndole a éste de un nimbo polícromo inexplicable y maravilloso. Después de pensar un momento le contesté así:

Lo que traigo sobre esta mano es un beso depositado por labios angelicales de una inspirada poetisa salteña. El después de meditar un momento y sin contestarme nada y manteniendo su mano izquierda sobre sus ojos a modo de pantalla me tomó de un brazo, me llevó hacia una puerta colosal, echó mano de una llave enorme, abrió la puerta haciendo rechinar los goznes, y poniendo la mano derecha en la espalda me dio un empujón tan fuerte que yo me metí de bruces en el cielo.

El portazo hizo temblar toda la corte celestial inclusive al Padre Eterno.

La misma sacudida me hizo volver a la realidad y al acordarme de los pormenores de mi sueño exclamé:

¡Hasta en el Cielo tiene influencia poderosa la Poesía. Sí, creo que el mismo Cielo no sea más que una belleza y sublime Poesía. ¿Poesía saludable y consoladora!. Que siga siendo eternamente!

Salto, 25 de agosto de 1929 Anastasio Albisu.

Para Don Anastasio Albisu

Maestro:

Yo os ofrezco, la mejor de mis planas:

No está escrita con tinta porque la tinta mancha,

Está escrita en el cielo, en la tierra y en el agua,

Está escrita en el alma porque es página blanca.

Para vuestra nobleza, no hay ninguna palabra

Amor y gratitud han llenado las aulas

Y en el templo magnífico de vuestro hogar sin mancha,

Hizo su blando nido la caridad humana.

Que siga vuestra vida, hermosa y soberana

Que es cátedra sin puertas para toda la enseñanza

Y permitid que llegue en ésta hora lejana

La última golondrina que trae nieve en las alas.

Felisa Lisasola

Salto, enero 22 de 1942.

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